De nuevo, agachó su cabeza para
mirarse las manos y no encontró nada, estaban vacías, como hasta
ahora siempre habían estado, y se sentía muy triste, aunque en el
fondo sabía que no necesitaba que esas manos estuvieran llenas de
nada, ya que consideraba que el poseer cosas limitaría su libertad,
de nuevo, sus alas se cortarían y volvería a convertirse en esclava
por conservar aquello que tuviera. Por esta gran razón, sabía que
no quería, ni debía tener nada más, nunca, pues todo ello, de un
modo u otro le generaba dolor.
Sucedió que... por cosas de la vida...
topó con un extraño personaje, enano, calvo e hiperactivo. Las
manos de este peculiar ser estaban llenas de cosas. De tal forma era
que desbordaban y caían de entre sus dedos, como el fluir del agua,
puñados de ilusiones. Las cuales quebraban al caer, pues eran
frágiles cristales que al romperse se clavaban en sus propios torpes
pasos, haciéndole pupas... horribles pupas.
Un tercero, llamado destino, hizo con
su golpe de maza lo que solo él puede hacer, juntarles.
Así fue como se volvieron a cargar las
manos de ella. No de mierda, si no de botes de ilusiones,no de
esclavitud, si no, palés de cariño, y aún quedó en sus manos algo
para unos cuantos sacos de comprensión en vez de indiferencia. Y
volvió a ver sus manos llenas... de cosas para muchos inútiles,
pues no eran culos de gimnasio (...aunque sí) ni banales trastos
míseros.
Aún así, hubo momentos en los que
ella se sentía cargada. Miraba sus manos... que empezaron a
desbordar y se sintió cargada como antaño. Él a veces se sentía
culpable y lo que hacían era repartirse estos pesos como podían, a
veces uno cargaba más que otro. Pero sabían que no volverían a
estar solos y que podrían encontrar un equilibrio en sus vidas de
rotos y descosidos.
Un día ella sintió sus alas marchitas
y quebradas por el tiempo pasado y pensó cortárselas. Eran oscuras
y mustias. No obstante, como nuestro personaje era muy activo pensó
en obsequiarle una alas nuevas. Le juró al ángel guardián de ella
fabricar las alas más perfectas del universo, y arrancó a correr de
un lado al otro recopilando todo tipo de materiales para
fabricarlas... Tropezó muchas veces porque siempre iba corriendo
torpemente de un lado a otro, llenando todo de pedazos cristalizados
de ilusiones que se clavaban en los pies de ambos. Él estaba
acostumbrado , ya sus pies eran enormes callosidades, pero los de
ella eran fina seda. Tal vez merecería la pena... unas alas
nuevas... tal vez no... tal vez... solo era un tarado, ¿pero y
si...?