Es esa esencia sensual, que apacigua a la mayor bestia con la flor inherente a tus perfectas formas, la que hace del mundo un transfondo prohibido y profundo. Lleno de paz, lleno de sonrisas sátivas y elucubraciones índicas.
Espina de sociedad corrompida. Panacea del mundo enfermo.
Tú no subyugas, no esclavizas. Sea tu saber camino eterno hacia esa evolución que pruebo cuando te tengo.
Y déjate otra vez ser manipulada por mis dedos, tras desnudarte, hasta encenderte y parte a parte ascenderme al eterno etéreo, que reparte el sol de tarde en tarde y hasta hartarte... fumarte.
Y sentir que la vida tiene cosas que contarme.
Y repartirte como siempre hiciste por el planeta.
Prodigiosa flor de Ganjah, tu voz no acalla pues en tu sapiencia está la paz que florece de tu planta.
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