1 may 2012

Adios niña

Triste día cavernario.
Donde la pasión por el nuevo día quedó en estercoleros razonados por la desidia.
Raspo en un grinder los restos del tricoma eventual y necesario,
como raspo los vestigios de recuerdo de tus suaves formas.
Onándome una vez más en la esencia donde el sexo tuvo otro nombre.
Allá donde la razón no pudo encontrar consuelo.
Allá donde quedaron tus volátiles y transitorias pasiones,
rincón de juguetes perdidos en la historia.

Masturbo mi cerebro y no eyacula el olvido.
Eyacula la fragancia de nuestros cuerpos al juntarse,
tardes y noches enteras de ojos, sonrisas, piel y tus labios
quedaron en la sinapsis de mi hipocampo.

Haciendo de esos días el cuento más precioso jamás escrito
con final incongruente, inconcluso y sin sentido.

Pues así fue. En mi piel se describe con fuego la última noche motelera
donde a horas tempraneras después de sudarla entera
me dijiste que era... la última... De saberlo  me habría despedido.

Esa cama se portó mal y recibió su merecido,
fue vapuleada por dos almas en esencia iguales... en efecto... sin parecido.
Esa cama portó lo más bello de mi mundo
y mecidos en sueños besaste mis ojos.

Pangea separó lo que Cronos unió,
alma partida en dos.
Busco esos ojos que parecían gritarme de cariño,
pero ya no están, no los encuentro en otras cuencas,
tan solo en las tuyas, niña.

¿Y cómo es recordar sin ser recordado?
¿Y cómo es queres sin ser querido?
A veces son días cavernarios,
ótras, simplemente, por ti sonrío
...
A veces maldigo tus comentarios,
ótras desearía estar contigo.

Beberemos del tiempo en frascos de betadine
y encontrarás el vacío del oscuro y frío espacio en tu lecho.
Tal vez un resto deshumanizado de lo que un día era hombre.
Tal vez hijo sin segunda figura.
Tal vez... la siemiente de la soledad echando raices al alma.
Tal vez...

No hay comentarios:

Publicar un comentario