Descendientes de la estirpe del olvido.
Perros carroñeros de los que bien han vivido.
Más allá de estas calles conviven los malditos,
en confinaciones superficiales de cemento y granito.
Barrios de lágrimas por los que están y se fueron.
Justicia y promesas que súbitamente murieron.
Alquitrán helado manchado de sangre es el cementerio.
Un cuerpo encontrando, resuelto otro misterio.
Y de mientras las sombras de este mundo se marchitan
sin salida del olvido su suerte las decapitan
y avanzan descabezadas sin pensarlo, querer salir es un delito.
Los que se van no vuelven a contarlo... los demás yacen su día finito
No hay comentarios:
Publicar un comentario