15 oct 2012

de roto para descosido

De nuevo, agachó su cabeza para mirarse las manos y no encontró nada, estaban vacías, como hasta ahora siempre habían estado, y se sentía muy triste, aunque en el fondo sabía que no necesitaba que esas manos estuvieran llenas de nada, ya que consideraba que el poseer cosas limitaría su libertad, de nuevo, sus alas se cortarían y volvería a convertirse en esclava por conservar aquello que tuviera. Por esta gran razón, sabía que no quería, ni debía tener nada más, nunca, pues todo ello, de un modo u otro le generaba dolor.
Sucedió que... por cosas de la vida... topó con un extraño personaje, enano, calvo e hiperactivo. Las manos de este peculiar ser estaban llenas de cosas. De tal forma era que desbordaban y caían de entre sus dedos, como el fluir del agua, puñados de ilusiones. Las cuales quebraban al caer, pues eran frágiles cristales que al romperse se clavaban en sus propios torpes pasos, haciéndole pupas... horribles pupas.
Un tercero, llamado destino, hizo con su golpe de maza lo que solo él puede hacer, juntarles.
Así fue como se volvieron a cargar las manos de ella. No de mierda, si no de botes de ilusiones,no de esclavitud, si no, palés de cariño, y aún quedó en sus manos algo para unos cuantos sacos de comprensión en vez de indiferencia. Y volvió a ver sus manos llenas... de cosas para muchos inútiles, pues no eran culos de gimnasio (...aunque sí) ni banales trastos míseros.
Aún así, hubo momentos en los que ella se sentía cargada. Miraba sus manos... que empezaron a desbordar y se sintió cargada como antaño. Él a veces se sentía culpable y lo que hacían era repartirse estos pesos como podían, a veces uno cargaba más que otro. Pero sabían que no volverían a estar solos y que podrían encontrar un equilibrio en sus vidas de rotos y descosidos.
Un día ella sintió sus alas marchitas y quebradas por el tiempo pasado y pensó cortárselas. Eran oscuras y mustias. No obstante, como nuestro personaje era muy activo pensó en obsequiarle una alas nuevas. Le juró al ángel guardián de ella fabricar las alas más perfectas del universo, y arrancó a correr de un lado al otro recopilando todo tipo de materiales para fabricarlas... Tropezó muchas veces porque siempre iba corriendo torpemente de un lado a otro, llenando todo de pedazos cristalizados de ilusiones que se clavaban en los pies de ambos. Él estaba acostumbrado , ya sus pies eran enormes callosidades, pero los de ella eran fina seda. Tal vez merecería la pena... unas alas nuevas... tal vez no... tal vez... solo era un tarado, ¿pero y si...?

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