Estaba yo sentado sin más, pendiente de la hora de comer y con poco más que un periódico en mis manos en otro de tantos muchos momentos ociosos de mi vida.
No podrán creer lo que les cuento... Súbitamente apareció un manuscrito, delante de mis ojos, sin tratarse de un espejismo; lo palpé y allí estaba.
Como podrán comprobar sin engañarse a ustedes mismos, desde el más escéptico al más crédulo, hice lo que habría hecho cualquier ser con el encéfalo altamente desarrollado aunque fuera un mínimo; leerlo.
Cual fue mi sorpresa al ver que estaba todo desorganizado, el principio y el final se juntaban y desentrañaban un galimatías lleno de sinsentido, aún así permanecí días y días leyéndolo e intentado que tal fábula inconexa cobrara sentido alguno.
Después de tal calvario y unas tres aspirinas decidí llamar a unos amigos; filósofos, historiadores y eruditos de todos los rincones del mundo nos juntamos para analizar tal suceso.
"-¡Y qué hacer ahora! Inconcluso y sin autor". -"¿Tal vez terminarlo?¿Tal vez proponerlo como obra póstuma y anónima?"- "¡Finalizar tal disparate! Solo tendría cabida en la mente de un descerebrado.¡Esto no tiene sentido!"
...
-Cambiemos todo, cojamos las ideas básicas, sí, pero moldeémoslo a nuestro antojo, eliminemos lo que no entendemos y lo que no nos interesa, inventemos un final y un autor.
...
-"¿Como piensa titularlo?"
- Vida, señor, vida
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