20 abr 2011

Muerte

Está en mi mente, en mis ojos, no se, tal vez... grabado a fuego en mi alma, esa alma podrida que ostento, viviendo el día a día como se puede llevar, en mi caso... una enfermedad mental... ¿una enfermedad? ¿mortal?... un don mortal.
Es mirar hacia atrás y ver un pasado normal, amigos, familia, trabajo y poco más.
Hasta esa noche, todo empezó con sueños, bueno... pesadillas, me atormentaba esa imagen, me veía perdiendo segundo a segundo todo vestigio de vida, descomponiéndome lentamente, viendo cómo mis células muertas se convertían en polvo, la decadencia de los mortales. Esa noche... desde entonces todo fue en declive, dejé de encontrar la belleza para mirar a la muerte, el sufrimiento, el dolor, pusilánimes humanos inconscientes de un súbito final, incapaces de asimilar la tragedia del hombre oscuro, el segador; ciegos ante la lenta pérdida de su éter para convertirse en una oscura masa humeante y maloliente de vísceras, sangre coagulada, pasto para humus... "caro data vermibus", un insignificante montón de huesos secos y al final... polvo en la tierra, en el agua, en el aire
¿Qué vida podré llevar yo si solo veo vuestras muertes? Peor suplicio que Prometeo es sin duda... no poder conocer los efímeros sentimientos de aquellos ignorantes, no parar de oler la continua podredumbre de vuestros pasados cuerpos, ese olor a tripas muertas, a carne quemada, ese polvo añejo debajo de vuestra cama.
En esta implacable enfermedad, este don, que tan ilógicamente me sobrevino, soy capaz de tener un amigo; la parca, que está detrás de mi siempre, con él/ella me emborracho en el bar, comparto mis secretos y él/ella los suyos, me cuenta fechas, causas y el infranqueable destino de todos y cada uno que me rodearon, porque ahora... solo y después de tantos años, pienso en besarla en mis sueños, abrazarla y en un susurro final... en ese último estertor... despegar del suelo y volar mecido por el viento... como polvo en el aire

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