Una infructuosa búsqueda a sido esta vida mía, errante sin motivo aparente, huyendo de un problema que olvidé, intentando encontrar mi sitio alrededor del mundo, y ahora aquí... en un lecho que no me perteneció nunca, tan aleatorio como mi rumbo, escribo mis últimas palabras.
He habitado todos los países. He recorrido todos los recovecos, esquinas, callejones e incluso selvas y montañas. He visto grandezas del ser civilizado, de la naturaleza y de las tribus más atípicas y recónditas. He convivido con un sinfín de especies. He visto la guerra, el odio. He sentido el pánico, la muerte. He presenciado ejecuciones, espectáculos, monumentos y pobreza. Ciencia y religión, con sus cultos, rituales y mitos de todas las clases. la belleza de las aguas cristalinas y la fealdad de la tiranía de dictadores. He sentido el frío y el calor en sus extremos. He hablado con filósofos, científicos, vagabundos y comerciantes. He escuchado gritos de terror tan encarnados que aún se me hielan los huesos y pasiones de reencuentros que me erizan la piel.
Y después de tanta tristeza, tanta alegría, tanta belleza y tanta fealdad, después de grandezas y nimiedades, de vidas sencillas y complejas... después de todo... nunca me asenté en ningún lugar, movido por la curiosidad y huyendo de aquello que ya tiempo há olvidé, sin jamás pensar que es lo que quería o si tan siquiera buscaba algo.
Derrotado me encuentro y no puedo avanzar, mis huesos están cansados, no soportan más el peso de mis músculos y me siento inútil. ¿Qué esperáis que diga?... después de todo... después de todo lo vivido solo se una cosa, que seas quien seas y vivas como vivas afronta tus problemas, porque huir como yo creo haber hecho es olvidar el problema con el cual habría aprendido más que recorriendo el mundo entero
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