25 abr 2011

Tiempo

Una infructuosa búsqueda a sido esta vida mía, errante sin motivo aparente, huyendo de un problema que olvidé, intentando encontrar mi sitio alrededor del mundo, y ahora aquí... en un lecho que no me perteneció nunca, tan aleatorio como mi rumbo, escribo mis últimas palabras.
He habitado todos los países. He recorrido todos los recovecos, esquinas, callejones e incluso selvas y montañas. He visto grandezas del ser civilizado, de la naturaleza y de las tribus más atípicas y recónditas. He convivido con un sinfín de especies. He visto la guerra, el odio. He sentido el pánico, la muerte. He presenciado ejecuciones, espectáculos, monumentos y pobreza. Ciencia y religión, con sus cultos, rituales y mitos de todas las clases. la belleza de las aguas cristalinas y la fealdad de la tiranía de dictadores. He sentido el frío y el calor en sus extremos. He hablado con filósofos, científicos, vagabundos y comerciantes. He escuchado gritos de terror tan encarnados que aún se me hielan los huesos y pasiones de reencuentros que me erizan la piel.
Y después de tanta tristeza, tanta alegría, tanta belleza y tanta fealdad, después de grandezas y nimiedades, de vidas sencillas y complejas... después de todo... nunca me asenté en ningún lugar, movido por la curiosidad y huyendo de aquello que ya tiempo há olvidé, sin jamás pensar que es lo que quería o si tan siquiera buscaba algo. 
Derrotado me encuentro y no puedo avanzar, mis huesos están cansados, no soportan más el peso de mis músculos y me siento inútil. ¿Qué esperáis que diga?... después de todo... después de todo lo vivido solo se una cosa, que seas quien seas y vivas como vivas afronta tus problemas, porque huir como yo creo haber hecho es olvidar el problema con el cual habría aprendido más que recorriendo el mundo entero

20 abr 2011

Muerte

Está en mi mente, en mis ojos, no se, tal vez... grabado a fuego en mi alma, esa alma podrida que ostento, viviendo el día a día como se puede llevar, en mi caso... una enfermedad mental... ¿una enfermedad? ¿mortal?... un don mortal.
Es mirar hacia atrás y ver un pasado normal, amigos, familia, trabajo y poco más.
Hasta esa noche, todo empezó con sueños, bueno... pesadillas, me atormentaba esa imagen, me veía perdiendo segundo a segundo todo vestigio de vida, descomponiéndome lentamente, viendo cómo mis células muertas se convertían en polvo, la decadencia de los mortales. Esa noche... desde entonces todo fue en declive, dejé de encontrar la belleza para mirar a la muerte, el sufrimiento, el dolor, pusilánimes humanos inconscientes de un súbito final, incapaces de asimilar la tragedia del hombre oscuro, el segador; ciegos ante la lenta pérdida de su éter para convertirse en una oscura masa humeante y maloliente de vísceras, sangre coagulada, pasto para humus... "caro data vermibus", un insignificante montón de huesos secos y al final... polvo en la tierra, en el agua, en el aire
¿Qué vida podré llevar yo si solo veo vuestras muertes? Peor suplicio que Prometeo es sin duda... no poder conocer los efímeros sentimientos de aquellos ignorantes, no parar de oler la continua podredumbre de vuestros pasados cuerpos, ese olor a tripas muertas, a carne quemada, ese polvo añejo debajo de vuestra cama.
En esta implacable enfermedad, este don, que tan ilógicamente me sobrevino, soy capaz de tener un amigo; la parca, que está detrás de mi siempre, con él/ella me emborracho en el bar, comparto mis secretos y él/ella los suyos, me cuenta fechas, causas y el infranqueable destino de todos y cada uno que me rodearon, porque ahora... solo y después de tantos años, pienso en besarla en mis sueños, abrazarla y en un susurro final... en ese último estertor... despegar del suelo y volar mecido por el viento... como polvo en el aire

19 abr 2011

Vida

Estaba yo sentado sin más, pendiente de la hora de comer y con poco más que un periódico en mis manos en otro de tantos muchos momentos ociosos de mi vida.
No podrán creer lo que les cuento... Súbitamente apareció un manuscrito, delante de mis ojos, sin tratarse de un espejismo; lo palpé y allí estaba.
Como podrán comprobar sin engañarse a ustedes mismos, desde el más escéptico al más crédulo, hice lo que habría hecho cualquier ser con el encéfalo altamente desarrollado aunque fuera un mínimo; leerlo.
Cual fue mi sorpresa al ver que estaba todo desorganizado, el principio y el final se juntaban y desentrañaban un galimatías lleno de sinsentido, aún así permanecí días y días leyéndolo e intentado que tal fábula inconexa cobrara sentido alguno.
Después de tal calvario y unas tres aspirinas decidí llamar a unos amigos; filósofos, historiadores y eruditos de todos los rincones del mundo nos juntamos para analizar tal suceso.


"-¡Y qué hacer ahora! Inconcluso y sin autor". -"¿Tal vez terminarlo?¿Tal vez proponerlo como obra póstuma y anónima?"- "¡Finalizar tal disparate! Solo tendría cabida en la mente de un descerebrado.¡Esto no tiene sentido!"
...
-Cambiemos todo, cojamos las ideas básicas, sí, pero moldeémoslo a nuestro antojo, eliminemos lo que no entendemos y lo que no nos interesa, inventemos un final y un autor.
...
-"¿Como piensa titularlo?"
- Vida, señor, vida