Recuerdo esas mentiras que impartían aquellos adultócratas estreñidos que gustan de llamarse educadores.
Recuerdo que decían, entre otras cosas, que el estado y la iglesia deben permanecer separados. Haciendo creer que en aquellos días así estaban, separados, y que no se debería volver a aquellos tiempos. Cuando lo cierto es que siguen juntos hoy en día ostentando un poder realmente dañino.
Recuerdo que hablaban de un señor que dictaba las normas en tiempos grises, no como hoy día. Cuando lo cierto es que seguimos siendo gobernados por las mismas personas que este señor implantó al morir, dejando obrar con impunidad y toda suerte de imposiciones a dichos herederos.
Recuerdo esa disciplina que de ser aprendida y llevada a cabo en la vida haría que no fueras otro preso laboral. Cuando la verdad es que esa misma disciplina solo lleva de cabeza al mercado laboral convirtiéndote en otro aburrido adulto repleto de quehaceres banales que distan muchísimo de la felicidad prometida.
Recuerdo esa filosofía o más bien recuerdo la falta de una filosofía real.
Recuerdo esa educación con tantas carencias.
Y como militares con babis desfilábamos en pos de la democracia y el bienestar patrio.
Militares con babis que aprenden a hostias lo que se debe saber para ser aceptado en esta necrosa sociedad podrida de materiales y falta de espíritu.
Recuerdo que hablaban de "valores", y eso hacían, valoraban quien y quien no valía dependiendo de como asimilaran esos conceptos impuestos. "Valores"... Como la diferencia de valor entre una tele de plasma y un móvil última tecnología. "Valores" y "respeto" paupérrimos y autoritarios basados en el "aquí mando yo" precedido de un "capón bien merecido".
Recuerdo esa justicia cutre digna del código de Hammurabi.
¿Y por qué no enseñar a los niños a ser tal o cual?... ¡Al carajo! ¿Qué educar ni que enseñar? Si ellos saben bien lo que necesitan. ¡Recreo 24 horas! Para aprender de la vida viviendo. Para enseñar a sus mayores que otro mundo sí es posible.
Leave the kids alone...
Algunas son amargas, otras empalagan el olvido y siempre son tan claras que no sabrás ni lo que digo. Puede que sin futuro, ni lo niego ni lo afirmo. Pero en algún lado de mi memoria para mi tiene un sitio No quisiera alcanzar la gloria, ni el cielo, ni el infinito Me conformo con tu sonrisa sin guardarla para mi mismo Me conformo con el viento acariciando mi nuca la libertad... con otro día distinto, despertar y no dormir nunca.
18 oct 2013
15 sept 2013
Ótra de roto para descosido
Y volví a enamorarme como el primer día al saber de tus alas que volaban el sol.
Al saber que no necesitabas de nadie ni nada para que tu cariño llegara al fin a tu interior.
Tu olor libertario más fuerte que nunca.
Tu vulva bella que jamás fue vulgar.
Dinamitar la culpa con napalm.
Y de las llamas de tu cara guapa se expresaba la libertad de tu cuerpo... Libre.. Y al viento.
Y me enamoré como en horas pasadas pero esta vez las cadenas sobraban.
Somos ángeles bellos... por ser ángeles. ¿Qué esperabas?
Al saber que no necesitabas de nadie ni nada para que tu cariño llegara al fin a tu interior.
Tu olor libertario más fuerte que nunca.
Tu vulva bella que jamás fue vulgar.
Dinamitar la culpa con napalm.
Y de las llamas de tu cara guapa se expresaba la libertad de tu cuerpo... Libre.. Y al viento.
Y me enamoré como en horas pasadas pero esta vez las cadenas sobraban.
Somos ángeles bellos... por ser ángeles. ¿Qué esperabas?
Adultocracia...
¡¿En qué momento llegaron encadenados ese churro de responsabilidades?! Que poco a poco te fueron apartando de aquellos bellos pájaros mentales. Y cubrieron de lodo los sueños translúcidos sobre mundos inimaginables, que se apartan de muchos, de otros muchos deseos egoístas y banales. Sobre metas humanas, ideologías, cambios de vida y de direcciones comunales que harían venir al mundo algo bueno para tus iguales.
Hubo un momento. En aquellos días, la promesa de un cambio... Llevarlo a cabo difícil y prolongarlo algo raro
Hubo un momento. En aquellos días, la promesa de un cambio... Llevarlo a cabo difícil y prolongarlo algo raro
Ansiedad
Y volviste otra vez, trayendo los recuerdos con esos picores que solo se palían a golpe de cuchilla o punzón.
Recuerdos de garganta atragantada y amargo amalgama que abrazaba la falta que hallaba en cada rincón.
Y absorta quedaba la llama que alentaba la risa apagada por el abismo "yo".
Mientras sabías que no había salidas que no autoinfligieran el mismísimo dolor.
Recuerdos de garganta atragantada y amargo amalgama que abrazaba la falta que hallaba en cada rincón.
Y absorta quedaba la llama que alentaba la risa apagada por el abismo "yo".
Mientras sabías que no había salidas que no autoinfligieran el mismísimo dolor.
8 sept 2013
A todas las joyas que no saben de su caja fuerte
Cuentan que existe o existió. De entre toda la marabunta humana. De entre todos los viandantes que viandan por las aceras... uno... de entre tantos millones con una vida normal como la de otros tantos millones... uno. Cuentan que caminaba una mañana camino a una pesarosa jornada de trabajador.
Sucedió que apareció una señora bastante anciana. De facciones torcidas por la edad, dejando una peculiar mueca de cánido... Lo que viene a ser una vieja bien pelleja. Y le pidió un cigarro a nuestro mediocre protagonista. Dicho personaje se dispuso a darle un cigarro, cuando al abrir el paquete se dio cuenta de que era el último que le quedaba. No pudo evitar poner cierta cara de decepción. Aún así, cedió su último cigarro con una sonrisa a esta misteriosa señora perruna.
Agradecida ella le obsequió con una prenda que dejó en sus manos. Acto seguido, a la que éste levanto la vista, la señora había desaparecido como por arte de magia, dejando a nuestro protagonista con cara de vaca.
¿Qué fue de la mujer? Nadie lo sabe. Dicen que cada cierto tiempo se la puede ver en cualquier calle pidiendo tabaco. Dicen que es una especie de bruja... pero también dicen que su padre era un perro... Es una historia que no nos interesa. Esta señora recorre una rutina vital que sería aburrido sobremanera contarlo.
La cuestión es que el muchacho, uno de entre todos, ese día perdió su trabajo, se rompió su coche y su mujer le dejó... sí... No era uno de esos días buenos precisamente para él. Empezó a pensar que esa prenda estaba maldita, que le traía mala suerte.
La prenda se trataba de una chupa oscura de diseño antiguo. Antes de tirarla le dio por inspeccionar los bolsillos. Estaban vacíos, tan vacíos que el mismo bolsillo era el vacío. Ahí dentro había un espacio infinito y así se dio cuenta del nuevo poder que ostentaba nuestro personaje de clase media tirando a baja, más baja aún tras perderlo todo. Todo lo que allí entrara no sería descubierto por nadie a excepción de él, pudiendo entrar infinitas cosas en un espacio reducido. Pensó para la cantidad de cosas que le valdría. Pero nuestro protagonista siempre fue muy humilde, se contentó durante mucho tiempo con tener lo justo... Algo de pan, algo de vino si se terciaba el día... pero nunca más allá de esos caprichos. Así vivió una larga temporada; robando lo justo para sobrevivir.
Un buen día a sus oídos llegó una historia, una leyenda que hablaba sobre la joya más preciosa jamás encontrada. Decían que esta joya había cautivado de tal forma al que la descubrió que cuando se la arrebataron para guardarla en una cámara acorazada, éste acabó suicidándose de la pena que tenía en el cuerpo... Pobrecito... Contaba también la leyenda que nadie más la había visto, quedando en aquella cámara acorazada para el resto de los días.
Nuestro querido ladrón (si es que robar comida y poco más se considera robar) pensó que podría adquirir tal pieza olvidada en el fondo de la cámara tras el mayor conjunto de seguridad jamás diseñado. Ya poseía años de experiencia para esto del robo, tan solo necesitaba entrenarse para la gran prueba.
Pasaron los años mientras nuestro protagonista (de tan bajo rasero que no recordamos el nombre) preparaba todo lo necesario. Precisó primero de saber la localización, más tarde, ver la rutina con la que operaban los guardias, y así, utilizando todos los trucos y herramientas que conocía llegó por fin al interior de la cámara, cogió el recipiente, lo metió en su chupa de eterno bolsillo y precioso diseño antiguo y desapareció dejando atrás solo el rastro del viento.
Cuando llegó a un sitio más seguro sacó aquella joya del recipiente. Era lo más bonito que jamás había visto y cual fue su sorpresa al darse cuenta de que estaba viva aquella joya. Su cuerpo se estremeció al verla volando cerca de él, se conformó con robarle unos besos, un abrazo bien sentido y dejarla volar libre esperando que de cuando en cuando volviera a visitarle siempre que sus derroteros por ahí la llevaran
Sucedió que apareció una señora bastante anciana. De facciones torcidas por la edad, dejando una peculiar mueca de cánido... Lo que viene a ser una vieja bien pelleja. Y le pidió un cigarro a nuestro mediocre protagonista. Dicho personaje se dispuso a darle un cigarro, cuando al abrir el paquete se dio cuenta de que era el último que le quedaba. No pudo evitar poner cierta cara de decepción. Aún así, cedió su último cigarro con una sonrisa a esta misteriosa señora perruna.
Agradecida ella le obsequió con una prenda que dejó en sus manos. Acto seguido, a la que éste levanto la vista, la señora había desaparecido como por arte de magia, dejando a nuestro protagonista con cara de vaca.
¿Qué fue de la mujer? Nadie lo sabe. Dicen que cada cierto tiempo se la puede ver en cualquier calle pidiendo tabaco. Dicen que es una especie de bruja... pero también dicen que su padre era un perro... Es una historia que no nos interesa. Esta señora recorre una rutina vital que sería aburrido sobremanera contarlo.
La cuestión es que el muchacho, uno de entre todos, ese día perdió su trabajo, se rompió su coche y su mujer le dejó... sí... No era uno de esos días buenos precisamente para él. Empezó a pensar que esa prenda estaba maldita, que le traía mala suerte.
La prenda se trataba de una chupa oscura de diseño antiguo. Antes de tirarla le dio por inspeccionar los bolsillos. Estaban vacíos, tan vacíos que el mismo bolsillo era el vacío. Ahí dentro había un espacio infinito y así se dio cuenta del nuevo poder que ostentaba nuestro personaje de clase media tirando a baja, más baja aún tras perderlo todo. Todo lo que allí entrara no sería descubierto por nadie a excepción de él, pudiendo entrar infinitas cosas en un espacio reducido. Pensó para la cantidad de cosas que le valdría. Pero nuestro protagonista siempre fue muy humilde, se contentó durante mucho tiempo con tener lo justo... Algo de pan, algo de vino si se terciaba el día... pero nunca más allá de esos caprichos. Así vivió una larga temporada; robando lo justo para sobrevivir.
Un buen día a sus oídos llegó una historia, una leyenda que hablaba sobre la joya más preciosa jamás encontrada. Decían que esta joya había cautivado de tal forma al que la descubrió que cuando se la arrebataron para guardarla en una cámara acorazada, éste acabó suicidándose de la pena que tenía en el cuerpo... Pobrecito... Contaba también la leyenda que nadie más la había visto, quedando en aquella cámara acorazada para el resto de los días.
Nuestro querido ladrón (si es que robar comida y poco más se considera robar) pensó que podría adquirir tal pieza olvidada en el fondo de la cámara tras el mayor conjunto de seguridad jamás diseñado. Ya poseía años de experiencia para esto del robo, tan solo necesitaba entrenarse para la gran prueba.
Pasaron los años mientras nuestro protagonista (de tan bajo rasero que no recordamos el nombre) preparaba todo lo necesario. Precisó primero de saber la localización, más tarde, ver la rutina con la que operaban los guardias, y así, utilizando todos los trucos y herramientas que conocía llegó por fin al interior de la cámara, cogió el recipiente, lo metió en su chupa de eterno bolsillo y precioso diseño antiguo y desapareció dejando atrás solo el rastro del viento.
Cuando llegó a un sitio más seguro sacó aquella joya del recipiente. Era lo más bonito que jamás había visto y cual fue su sorpresa al darse cuenta de que estaba viva aquella joya. Su cuerpo se estremeció al verla volando cerca de él, se conformó con robarle unos besos, un abrazo bien sentido y dejarla volar libre esperando que de cuando en cuando volviera a visitarle siempre que sus derroteros por ahí la llevaran
20 jul 2013
Soldados
Ese dolor que se solapa al pecho.
Desgarrando las ganas de vivir tan si quiera un día más, con una
culpa en cada mano.
Si yo no elegí este juego donde empiezo
perdiendo y ganar, lo que es ganar, es algo que no entiendo.
Y pasa
transitorio el tiempo vertiendo sus heces en mi cuerpo.
No pude
tragar más mundo, no pude sentirme bien con ello.
¿Que para ser
felices debamos destrozar las vidas de aquellos que peor que yo
llegaron aquí perdiendo? y pierdo.
Pierdo la compostura, la razón,
el sueño.
Pierdo los estribos si me veo ostentando un dueño.
Que
no, no elegí este juego y por más que intente cambiarlo todo,
empezar de nuevo, van pasando fracaso tras fracaso mis huevos.
Y allí
quedó la tierra, sin brotes de esperanza para un mundo nuevo donde
recurso tras recurso todo acabó en cero, parece que nunca caerá
este imperio, es igual, comenzaremos otro y otro y al final todo será
pasajero hasta el día final donde colapse sólo...
¿Sólo?¿Quién
dijo sólo?
Soldados criados del lodo salieron al son de guerrilla,
portando semilla que germina lento, pero... germina, atento.
Florecerá el polen, y al viento advierto que exponencialmente el
pensamiento universal seguirá creciendo, cuajando las mentes
quebradas de décadas de falta de aliento y en un último hálito,
suspiro final del sufrimiento, las ganas de vivir volverán a todo
aquel que está viviendo el sueño y sueño con vivir sin dueño.
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