13 mar 2015

¿¿¿Por qué es tan importante jugar???

El juego siempre ha sido parte del aprendizaje. Pues con él, y desde una edad temprana, nos hemos expresado y hemos aprendido muchas cosas útiles para nuestro día a día:
- Es una de las mejores formas de empezar a relacionarse y darse a conocer.
- Resolvemos conflictos y aprendemos a ponernos de acuerdo con el resto del grupo.
- Hacemos trabajar nuestra lógica.
- Desarrollamos nuestras capacidades psicomotrices.
- Nos volvemos más creativos.
- Desarrollamos nuestra imaginación.
- Nos lo pasamos tan bien que el tiempo pasa volando

Recuerda cuando tenías 5 años, recuerda aquel ¡cinco minutos más!

Si en ese tiempo que tenemos para el juego un adulto puede dinamizar las actividades se convierte en algo aún más importante. Ya que jugaremos con valores, nos darán herramientas para resolver conflictos, nos guiarán para realizar juegos más didácticos, ayudándonos a desarrollar nuestras capacidades, adaptarán los juegos a nuestras necesidades, harán de nuestro grupo una unión de amistad y nos asistirán con cualquier problema que tengamos.

Jugar es importante, hoy en día más que nunca, para que aprendamos formas de ocio saludable, que nos saquen de nuestras casas y nos hagan en un futuro mirar sin miedo a nuestro alrededor, sabiendo que nuestro tiempo libre está siendo empleado en algo que nos hará pensar que hemos aprovechado el tiempo

Cuento sobre altruismo (sin muertes ni cosas raras)

Cuento altruismo:

Grog era un recolector muy feliz. Pues su cueva estaba siempre abierta y todos sus amigos iban a visitarle cuando querían o necesitaban ayuda. Grog siempre estaba dispuesto a ayudar y se le daba bien hacer muchas cosas. No tenía nada porque todo lo acababa regalando. Cuando iba a buscar bayas él solo comía las que necesitaba y las demás las regalaba.
No como el envidioso de Grunk, que se guardaba todas las bayas para él y le sentaba tan mal que siempre andaba con el estómago revuelto y retortijones.
Pero a Grog no le importaba. Grunk era otro amigo más de la tribu y le invitaba también a su cueva los días de frío a jugar a las piedras con el resto.
Uno de esos días Grunk le preguntó: Grog, siempre regalas más de la mitad de las bayas que recoges y gastas mucho tiempo ayudando a la tribu sin recibir nada a cambio ¿Qué harás cuando no tengas tiempo de recoger bayas? Vas a morir de hambre por no tener algunas guardadas en la despensa de la cueva. Grog le contó que así se sentía más feliz, ya que la amistad valía mucho más que unas míseras moras. Grunk se rió tanto que se le escapó un pedo (aunque a lo mejor era por comer tantas moras) Grog no dijo nada, pues sabía que Grunk aunque no hablaba con maldad no tenía razón y a Grog no le gustaba discutir.
Una noche, un ladrón entró en casa de Grog mientras dormía. Al ver que no había nada en la cueva le despertó y le preguntó. Oye muchachó, ¿Cómo es que no tienes nada en tu cueva? Y Grog le comentó que así se sentía más feliz ya que compartiendo todo lo que tenía conseguía una amistad verdadera. Al ladrón le encantó su historía, se pasaron hablando toda la noche y se hicieron amigos. Al día siguiente estaba cansado y no consiguió despertarse para ir a buscar moras. Se despertó por la tarde y ya no era hora de ir a recolectar nada, tenía mucha hambre, pero no le duró mucho, ya que toda la tribu se presentó en su casa con un montón de comida y se quedaron a hacerle compañia.
Toda la tribu menos Grunk, que la noche anteríor se dio un empacho a moras y el día siguiente lo pasó en el retrete sólo y con hambre. Desde entonces siempre ofrece ayuda y comida a la tribu como Grog